jueves, 20 de abril de 2017

Mar

Quietud,
silencio entre las olas.
Un faro a lo lejos,
indica tierra firme.
Lejos.
Entre escoger la fiereza de las pasiones terrenales
o la quietud eterna del mar,
me quedo con el mar.
Puro.
Digno.
Fiel.
Me quedo con el mar,
infinito.

jueves, 6 de abril de 2017

Nuevo comienzo

Apaga la luz,
no vaya a ser que quieras volver,
que entre todos los atardeceres
le encuentre sentido al pasado,
y retorne a nuestros amaneceres.
Apaga la luz,
cierra la puerta.
Para que no vuelva más,
para que el pasado se quede en paz,
que empiece nuevos amaneceres,
pero sin repetir viejos patrones.
Apaga la luz,
cierra la puerta.
Amanece,
es un nuevo comienzo.

viernes, 31 de marzo de 2017

Para mí

Sé que a veces no te crees suficiente, que ves la vida como un largo camino que te está poniendo obstáculos que no vas a ser capaz de superar.
Pero escúchame, vas a poder con todos ellos. Tú vales para todo lo que la vida te proponga, únete al baile, ríe y vive, no sabes lo bonita que eres cuando vives sin preocuparte por lo que vendrá después.
Eres bonita siempre, créetelo, eres preciosa por dentro, por fuera y no sabes lo bonita que eres cuando eres tú misma.
Quierete más que nunca está de menos. Hazme caso.
Aunque todo parezca que se va a pique, que luchar no sirve para nada, confía en ti, encontrarás una salida.
Por favor, cree en ti misma, no hay mayor luchadora que tú.
Cuando veas que no puedes más, lee esto.
Vas a poder. Disfruta del bonito camino que es la vida, vivela.

viernes, 17 de marzo de 2017

Nunca dejes de buscar

Busca la magia de las pequeñas cosas, busca la historia escondida de todos los rincones que te rodean, busca los secretos, los besos robados, los abrazos, las lágrimas y las pasiones que te envuelven.
No dejes nunca de buscar, la belleza está en los lugares que nunca hemos visitado, en los besos que no hemos dado, en las palabras que nos quedan por decir, en las sonrisas captadas al vuelo. La belleza es aquello que nunca dejas de buscar, de encontrar en las cosas más pequeñas, en las historias menos pensadas.
Nunca dejes de buscar. Nunca dejes de creer. Nunca dejes de encontrar.

lunes, 20 de febrero de 2017

Barcelona lloraba

Barcelona se alzaba imperiosa, eran poco más de las seis de la mañana, pero la ciudad ya estaba en pleno funcionamiento; los coches circulaban y llenaban de sonido las carreteras, la gente, enfundada en grandes abrigos, propios para el frío de la ciudad de aquel momento, iba dispuesta a empezar su día, camino el trabajo, las escuelas o incluso de vuelta a sus casas después de una noche, caótica, larga y con tintes de alcohol.
El sol se levantaba por encima de los edificios, resplandeciendo, reinando en un día de frío invernal, coloreando el cielo de tonos anaranjados, rosas y violetas.
Mia salió antes de lo habitual a la gran ciudad que la acogía desde hacía años, su segundo hogar, enfundada en su abrigo color burdeos, largo hasta las rodillas, una bufanda negra y un gorro, también negro, que dejaba entrever su cabello rojizo que caía en ondas como si fueran cascadas. Labios rojos, sus grandes ojos verdes marcados en negro y mostraba una expresión triste.
Mia caminó por las grandes calles de Barcelona, con la vista fijada en el suelo, mirando sus botas negras de tacón, que repiqueaban en la acera cada vez que pisaba, su paso era lento, pausado como si no tuviera ganas de llegar a su destino.
No paró de caminar hasta que llegó a aquella carretera, estaba desierta, casi fantasmal, aunque ya era una hora punta de tráfico de coches, por ahí hacía tiempo que pocos vehículos circulaban.
Mia fue con la vista puesta a aquella curva, aquella fatídica curva en la que Carles perdió la vida, hacía justo un año.
Carles era su hermano mayor, con el que se llevaba un año y medio,  y su fiel confesor , siempre habían sido Mia y él contra el mundo. Hasta que aquella noche se fue de casa, tras una gran discusión con su padre, ya que aún no apoyaba la relación que su hijo tenía con Marcos, cogió la moto y fue a su lugar favorito del mundo, en el se sentía en paz pero tenía que pasar aquella curva, aquella carretera que cuando se mojaba el asfalto con la lluvia se volvía una trampa mortal.
Barcelona se apagó aquella noche, unos dicen que fue por la gran tormenta que se produjo, Mia sigue creyendo que fue cuando su hermano murió, que su querida y venerada Barcelona lloró su muerte.
Hoy hacía un año, necesitaba ir al lugar donde el destino, la lluvia y la ira le arrebataron a su hermano. Mia necesitaba ver cómo Barcelona se rendía a sus pies, qué era lo último que vio Carles y necesitaba pensar, sin presiones, sin juicios, en su hermano y en todo lo que había perdido aquella noche.
Dejó una pequeña fotografía que sacó de su gran bolso negro, en el arcén en el que encontraron el cuerpo de Carles,  la fotografía mostraba a Mia y a Carles, sonrientes, el dieciocho cumpleaños de él, en una preciosa playa, su foto favorita.
Mia observó otra vez Barcelona, respiró y volvió sobre sus pasos, con los ojos anhegados en lágrimas. Era la última vez que subía ahí, se lo había prometido. Iba a recordar a Carles como quien recuerda una ciudad en la que ha vivido mucho tiempo, con nostalgia, con amor y con una tremenda admiración hacia su hermano, hacia todos sus momentos juntos, aquellos que iba a guardar de por vida en su corazón.
Aquella noche, Barcelona lloró la muerte de Carles, de ello estaba segura.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Rotos

Creo en los corazones rotos que buscan cobijo en otros para repararse. Pobre infelices, creen que el amor que les dañó ya no volverá y se equivocan, porque un corazón mientras siga latiendo encontrará el amor, el verdadero o el que otra vez les dañe.

Creo en los corazones rotos porque son los más sinceros. Ellos no ocultan sus heridas, sino que muestran sus cicatrices, buscando a alguien que las bese, que las haga menos dolorosas, más hermosas.

Creo en los corazones rotos porque son unos guerreros. Han perdido mil y una batallas en nombre del amor y aunque quieran rendirse no lo hacen porque librarán una batalla más, quizás la definitiva, quizás una nueva derrota que les provocará una herida más.

Creo en los corazones rotos porque se pierden, buscando respuestas a preguntas sin sentido, buscando historias con las que llenarse, buscando copas con las que olvidar o buscando la esencia de su yo que creían haber perdido.

Pero creo en ellos porque siempre vuelven más sabios, más lúcidos, más vivos y más únicos.

Creo en los corazones rotos porque viven. Viven con heridas a carne viva, pero viven, buscando un cobijo, buscándose.

Creo en ellos porque son los corazones más puros del mundo.

Creo en los corazones rotos y creo en la capacidad del amor que tiene para curarlos.

Siempre se librarán mil batallas por amor. Creo en sus perdedores, que crigeos no ven que han ganado convertirse en algo único, un corazón roto.

lunes, 23 de enero de 2017

Las pequeñas cosas

Una mañana más, otra. Pone el pie izquierdo en el suelo y maldice entre dientes porque cree que el día ya empezará mal.

Se mira en el espejo, el reflejo que proporciona es el de una chica pálida, de cabellos castaños, ojos café surcados de ojeras y una delgadez que es producto de sus mismos demonios.

Ha olvidado sonreír, aunque tiene una preciosa sonrisa lleva tiempo que no la muestra, porque no encuentra motivos o como me gusta decirle porque encuentra demasiadas excusas para autocompadecerse, aunque la autocompasión la mata más que todos los cigarrillos que fuma.

Hoy me viene a ver, ataviada en un abrigo y unas botas rojas llama a mi puerta con la máscara de ojos difuminada, como viene a ser de costumbre desde que él se marchara y sus demonios ganaran la batalla.
Hoy vuelve a llorar sobre mi hombro y yo, si os soy sincera, la echaba de menos, hacía semanas que no contestaba a mis llamadas y temía lo peor.

Ella es mi persona, nos conocimos estudiando periodismo, profesión que ha dejado de lado desde su crisis.

La tengo aquí. Me mira e intenta balbucear que siente la situación que ya no puede más que todo se va al traste.

Hoy he decidido que la voy a llevar a mi lugar favorito de toda la ciudad. Quiero que levante la mirada, deje de llorar y se deje transportar por la belleza de las pequeñas cosas.

Y aquí estamos, en el pequeño mirador cubierto de árboles desde donde podemos ver la belleza de la gran ciudad donde vivimos.

Cae el sol. Los colores rojo y naranja pintan el cielo y ella observa, atentamente, como el atardecer embellece la ciudad.

Y después de mucho tiempo, por vez primera la veo sonreír y no sabéis lo feliz que me hace esa sonrisa sincera que ha provocado este atardecer.

Porque lo bello que tiene esta vida son los pequeños momentos. Esa sonrisa y ese atardecer.

Pararía el tiempo por quedarme ahí. Con ella. Como siempre. Juntas.